Escritura comestible

Mañana será nuestro primer día de clases y vamos a discutir un ensayo de Terry Eagleton, “Edible Ecriture”. Éste servirá de disparador para muchos de los temas que abarcaremos a lo largo del semestre en un recorrido de lecturas que intersectan el mundo de la comida con el de la literatura latinoamericana.

En este artículo de 1992, publicado en el periódico británico The Times, Terry Eagleton ofrece una serie de imágenes y ejemplos literarios a partir de los cuales conectar la comida y la literatura. En “Edible Ecriture” el crítico analiza los modos en que la comida da forma a nuestros cuerpos al igual que las palabras componen nuestras mentes, de manera que ambas (comida y palabras) están siempre interconectadas. Esto lo podemos ver tanto dentro de la literatura como en nuestro habla cotidiana, en la que constantemente hablamos de temas como la vida, la muerte, el amor, el odio, con metáforas referidas a la comida y al acto de comer. ¿Cuántas veces hemos dicho que “no podemos tragar” a X persona para hacer referencia a nuestra intolerancia hacia ella? ¿Quién no se ha “devorado” un libro en un par de horas alguna vez?

Eagleton recorre así la literatura, sobre todo anglosajona, y menciona el ensayo de Francis Bacon, “Of Studies”, en el que el filósofo clasifica los libros según su capacidad de ser saboreados, tragrados, masticados o diregidos. También hace referencia a la “escritura anoréxica” de Samuel Beckett, en la cual el discurso está siempre a punto de desaparecer y piensa la propuesta estructuralista de Barthes como un menú en el que hay que elegir ejes sintagmáticos y paradigmáticos como se eligen los diferentes platos de una comida.

Eagleton nos confirma así que “la comida nunca es sólo comida”, que en ella se involucran una serie de actos y, sobre todo, emociones que la convierten en un vínculo, un vínculo con el pasado, con nosotros, con los otros, con los objetos y situaciones que nos rodean a la hora de comer. La comida es una relación afectiva, al igual que lo es la literatura. No existe, dice Eagleton, texto sin autor, ni autor sin un lector y lo que envuelve al acto de escritura, como el del comer, es la posibilidad de transformar, palabras y alimentos, en otro elemento cuyo significado excede lo concreto y material que tenemos enfrente.

“Edible ecriture” nos propone así una mirada sobre la historia de la humanidad en la que la comida está siempre presente (o presente en forma de ausencia, al referirse al hambre), y nos señala estructuras de poder, de colonialidad, las paradojas de la modernidad y, en definitiva, nuestra propia complejidad humana, que puede siempre leerse en clave de intercambio: lo que entra y sale de nuestra boca, sean palabras o comida, siempre hablarán de lo que somos, de qué estamos hechos, qué rechazamos o callamos, que nos resulta incontenible.

Pueden leer este iluminador ensayo en inglés haciendo click aquí.

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