Las galletas lebkuchen: una tradición familiar

Texto de Nora Eder

Yo soy hija del Medio Oeste (Midwest). Mi familia, especialmente la del lado de mi padre, tiene una larga historia en Michigan—donde nací y crecí—y de niña yo tenía la suerte de vivir a muy corta distancia de muchos familiares míos. Tengo muy buenas memorias de las visitas a la casa de mi abuela, quien vivió a unos treinta minutos de Ann Arbor en el pueblo semirural donde había vivido toda su vida. Entrábamos a la casa—la que mi abuelo había construido con un kit de Sears-Roebuck—y después de los saludos mi abuela nos ofrecería a mis hermanas y yo unas galletas riquísimas.

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Las galletas lebkuchen

Las galletas se llamaban lebkuchen, un tipo de galleta típica alemana que normalmente se hace para la Navidad. Son blandas, llevan muchas especias y son parecidas al pan de jengibre (gingerbread). Mi abuela siempre las tenía, porque en cada tanda (batch) haría un montón para después guardarlas en el congelador para todo el año. La receta había sido pasado en su familia desde que sus abuelos habían emigrado de Alemania, cambiada un poco con los años pero manteniendo la misma esencia.

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La receta escrita por mi abuela (con ediciones hechas por mi padre)

Cada Navidad nos reuniríamos con la familia de mi padre para celebrar, y cada Navidad mi abuela haría una tanda enorme de lebkuchen para dárselas a todos. Cuando ella falleció en 2005, mi papá se aseguró de guardar la receta que ella había escrito, y él mismo se encargó de la tradición familiar de las lebkuchen. Pronto la producción de lebkuchen se convirtió en una parte indispensable de la Navidad en mi casa, y cada año yo todavía cuento los días que faltan para ese día frío en diciembre, el que dedicamos enteramente a hacer galletas y a recordarnos a mi abuela.

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Mi mamá, mi papá, el brazo de mi hermana y una mano mía haciendo la masa de lebkuchen

 

Una breve historia de las lebkuchen

Las galletas lebkuchen datan a la Edad Media en Alemania y Bélgica, evolucionadas de los pequeños “pastelitos de miel” (honey cakes, Honigkuchen o panus mellitus en latín) que se hacían en Europa y el Medio Oriente desde la antigüedad. Algunos expertos aún rastrean la historia de lebkuchen hasta los pastelitos horneados con miel del Antiguo Egipto que se colocaban en las tumbas de la élite.

Egyptian archaeologists discover the world's oldest fruitcake.
Las lebkuchen sí saben un poquito a fruitcake

Las lebkuchen mismas aparecieron en su forma tradicional en los siglos XIII y XIV como Pfefferkuchen (pastelitos de especia). Se hacían primariamente en los monasterios y conventos, y se consideraba que su alto contenido de especias ayudaba con la digestión. El primero uso conocido de la palabra lebkuchen ocurre en 1409, aunque su etimología no está clara—puede que la palabra venga del alemán antiguo “lebbe” (muy dulce) o del alemán moderno “leben” (vida). Las dos posibilidades tienen sentido, porque las galletas son muy dulces y sus ingredientes (especialmente la miel y las especias) tradicionalmente se consideraban como alimentos que le daban vida a la gente.

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Aquí las lebkuchen le dan vida a mi hermana

Las especias usadas en las lebkuchen no eran locales a la región alemana y tenían que ser importadas, y por eso las galletas se producían principalmente en las ciudades con exitosas industrias de comercio: Núremberg, Colonia y Múnich. Las galletas crecían en popularidad en estas ciudades y eventualmente se comían por toda la región. Hoy en día existen muchas distintas variaciones de la receta tradicional de las lebkuchen dependiente de su ciudad de origen, pero las Nürnberger Lebkuchen todavía son las más conocidas y las más populares.

 

Una obra de amor

En mi casa, la tradición de hacer lebkuchen se ha convertido en una parte esencial de la estación navideña. Escogemos un día (sábado o domingo) alrededor de una semana antes de la Navidad para hacer las galletas, y toda la familia contribuye al proceso. Hay muchos pequeños trabajos que entran en la obra de amor que es la producción de las lebkuchen.

Un trabajo que usualmente me toca a mí es tamizar (sift) las ingredientes secas para quitarse los conglomerados. Hay que tamizar no muy rápido para no derramar todo, y hay que tener cuidado contando las 12 tazas de harina, porque si pierdes la cuenta y le pones una más o una menos, la masa se acabará mala. También hay una persona que se dedica a cortar las nueces y frutas, una que trata de raspar hasta lo último de la miel y la melaza de los jarros, y—por supuesto—alguien que mezcla la masa, lo que requiere una fuerza enorme y un sinfín de persistencia.

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La masa más pegajosa del mundo

Pero la parte más entretenida de hacer las lebkuchen es hacer las bolitas de masa y aplastarlas. Primero hay que mojar el lado de debajo de un vaso y bañarlo en azúcar, y después—BAM—aplanas la bola de masa y le queda una capa de azúcar encima. La galleta termina más o menos redonda y un poquito grumosa (lumpy), pero a mí me gusta pensar que tienen un cierto encanto “rústico”. Entonces sólo hay que colocar pedazos de nueces o frutas encima de cada galleta, y ¡están listas para el horno!

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El proceso: las bolas de masa y el vaso para el azúcar

Mientras hornean, toda la casa huele a galletas. El horno se usa todo el día porque cada tanda hace alrededor de 12 docenas de galletas, y por eso también calienta la casa lo que está muy agradable en el invierno de Michigan. Las lebkuchen salen del horno y siempre comemos las primeras para un premio después de tanto trabajo.

Las galletas lebkuchen forman una parte muy importante de la tradición gastronómica en mi familia. Aquí les dejo la receta de mi abuela por si se atreven a hacerlas! 🙂

 

Lebkuchen

  • 12 tazas de harina
  • 1 cucharada de sal
  • 4 cucharaditas de bicarbonato
  • 3 cucharaditas de polvo de hornear
  • 1 cucharada de canela
  • ½ cucharada de clavo molido
  • ½ cucharada de jengibre molido
  • ½ cucharada de cardamomo
  • 1 pinta de crema agria
  • 1 pinta de melaza clara
  • 1 pinta de miel
  • 2 o 3 huevos
  • 1 libra de azúcar moreno
  • 1 libra de dátiles picadas y/o pasas
  • Frutas endulzadas (picadas) a gusto – piel de naranja/limón, cerezas
  • 2 pintas de frutos secos (usamos nueces/walnuts y avellanas)
  1. Tamiza la harina, el sal, el bicarbonato, el polvo de hornear y las especias. Mézclalos.
  2. Añade los ingredientes restantes en el orden arriba mencionado, y combina con la mezcla de harina.
  3. Coloca una hoja de papel de pergamino en una bandeja de hornear. Coloca una bola de masa de unas dos cucharadas en la bandeja. Aplana la bola con un vaso cuyo fondo haya sido cubierto con azúcar. Coloca un nuez o pedazo de cereza endulzada encima de la galleta como guarnición. Repite el proceso.
  4. Hornea las galletas por 15 a 18 minutos a 325 grados F. Hace 10 a 12 docenas de galletas.
  5. Guardan las galletas en un recipiente hermético hasta unas semanas a temperatura ambiente, o hasta un año congeladas.

 

Bibliografía:

“Lebkuchen History.” Lebkuchen Schmidt. Lebkuchen Schmidt, n.d. Web. http://www.lebkuchen-schmidt.com/en/Lebkuchen-History/

“Lebkuchen.” German Food Guide. German Food Guide, n.d. Web. http://www.germanfoodguide.com/lebkuchen.cfm

¡Gracias a mi familia por la información y las fotos!

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